El origen del símbolo más usado para comunicar y expresar amor
 
Se le atribuye al corazón y se creía desde la antigua Grecia que era el centro de los sentimientos amatorios, pero en realidad parece tener un origen no tan romántico, o sublime: una antigua planta con propiedades contraceptivas.
 
El silfio, planta de origen norteafricana y posiblemente extinta, de muy frecuente utilización desde el siglo VII AC, en culturas como la egipcia, la griega y la romana, debido a sus amplias propiedades para la medicina y la gastronomía.
En la sociedad romana se le daba mucho valor por su propiedad para prevenir embarazos, incitando a las parejas jóvenes a consumar sus deseos sin sufrir embarazaos no deseados.
 
Según el historiador Plinio, su preparación para este fin consistía en mezclar un poco de lana suave con la resina del silfio, con la cual se fabricaba una especie de pequeña píldora, la cual se introducía en el órgano reproductor femenino para provocar el flujo menstrual. Su efectividad, según narra Plinio, se creía muy alta, siendo muy común su uso como una especie de pastilla del día siguiente. Su secreto, al parecer, residía en el alto contenido de estrógenos que contenía la planta.
 
Fue gracias al valor que le dieron la antigua Grecia y el imperio romano a esta planta, que se le brindó tributo grabando su imagen en las monedas con las que se hacían los intercambios comerciales de la época. Incluso, una moneda de la antigua ciudad estado de Cirene, hoy Libia, tiene grabada la forma de la semilla de dicha planta, que se asemeja mucho al ‘corazoncito’ que hoy conocemos.
 
Fue la iglesia católica la popularizó definitivamente la forma de sus semillas al incluirla en las imágenes del sagrado corazón de Jesús, en el siglo XVII D.C.